Así como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo (Juan 17:18).

Jesús hizo todo lo posible por enseñar a sus discípulos a superar sus debilidades, lo cual era indispensable para que completaran la obra que él había comenzado. En una oración a su Padre destaca tres aspectos vitales que les permitirían llevar a cabo tan importante tarea. Primero pide que sus discípulos no formen parte del sucio mundo de Satanás. Después, que obedezcan la Palabra de Dios y se mantengan santos, o limpios. Y luego le ruega repetidas veces a su Padre que el mismo lazo de amor que existe entre ellos dos mantenga unidos a sus seguidores. En vista de lo anterior, cada uno de nosotros debería preguntarse: “¿Estoy actuando en armonía con esas tres peticiones?”. Jesús confiaba en que si sus seguidores se esforzaban por cumplir estos tres aspectos, gente de todo el mundo creería que Dios lo había enviado (Juan 17:15-21). w13 15/10 4:12