Continuaron dedicándose a la enseñanza de los apóstoles (Hech. 2:42).

A partir del Pentecostés del año 33, Cristo resucitado utilizó a sus apóstoles como conducto para alimentar al resto de sus discípulos ungidos. Los judíos y prosélitos que ese día llegaron a ser cristianos ungidos por espíritu reconocieron ese conducto con total claridad. Plenamente convencidos, “continuaron dedicándose a la enseñanza de los apóstoles”. Según cierto erudito, el verbo griego que se traduce “continuaron dedicándose” denota “una permanencia persistente y absoluta, una adhesión total de un grupo orientado hacia un fin común”. Los nuevos creyentes tenían hambre de alimento espiritual y sabían exactamente dónde obtenerlo. Con completa lealtad, escuchaban a los apóstoles mientras estos explicaban lo que Jesús había dicho y hecho y esclarecían el significado de pasajes de las Escrituras relacionados con él (Hech. 2:22-36). w13 15/7 3:8