El poder que es más allá de lo normal es de Dios y no el que procede de nosotros(2 Cor. 4:7).

La Segunda Guerra Mundial estaba llegando a su fin. Las autoridades nazis, al ver que su derrota era inminente, dieron la orden de acabar con los miles de prisioneros que quedaban en los campos de concentración. A los presos del campo de Sachsenhausen se les llevaría hasta la costa, donde subirían a embarcaciones que luego serían hundidas en el mar. Este plan formaba parte de una estrategia que más tarde se conoció como las marchas de la muerte. Treinta y tres mil prisioneros de Sachsenhausen debían recorrer a pie 250 kilómetros (155 millas) hasta la ciudad portuaria de Lübeck (Alemania). Entre ellos se contaban 230 testigos de Jehová procedentes de seis países, a quienes se les ordenó que marcharan juntos. Estaban débiles debido al hambre y la enfermedad, pero todos sobrevivieron. ¿Cómo lo lograron? “No dejábamos de animarnos unos a otros a continuar”, explicó uno de ellos. Así es, además del “poder que es más allá de lo normal” que Jehová les dio, lo que permitió a nuestros hermanos salir con vida de aquella terrible experiencia fue el amor que se mostraron. w13 15/8 3:1, 2