He puesto tu nombre de manifiesto a los hombres que me diste del mundo (Juan 17:6).

Los maestros religiosos hicieron que la gente dejara de usar el nombre de Dios mucho antes de que Jesús viniera a la Tierra. Podemos estar seguros de que Jesús rechazó tajantemente esa costumbre antibíblica. Les dijo a sus enemigos: “Yo he venido en el nombre de mi Padre, pero ustedes no me reciben; si algún otro llegara en su propio nombre, recibirían a ese” (Juan 5:43). Y pocos días antes de morir, expresó su principal interés en la vida al pedirle a su Padre: “Glorifica tu nombre” (Juan 12:28). No es de extrañar que este tema surja vez tras vez en la oración que aparece en el capítulo 17 de Juan. Jesús pronunció entonces estas palabras: “Padre santo, vigílalos por causa de tu propio nombre que me has dado” (Juan 17:11). w13 15/10 4:9, 10

Lectura bíblica para la Conmemoración:  Mateo 26:6-13  (9 de nisán tras la puesta del Sol)

MATEO 26:6-13. . .
Hallándose Jesús en Betania,+ en casa de Simón el leproso,+ se le acercó una mujer con una cajita de alabastro llena de costoso aceite perfumado,+ y se puso a derramarlo sobre la cabeza de él, estando él reclinado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se indignaron y dijeron: “¿Para qué este desperdicio?+ Porque esto pudiera haberse vendido por una gran cantidad y haberse dado a los pobres”.+ 10 Dándose cuenta de esto,+ Jesús les dijo: “¿Por qué tratan de causarle molestia a la mujer? Pues ha hecho una obra excelente para conmigo.+ 11 Porque siempre tienen a los pobres+ con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán.+ 12 Porque esta mujer, al ponerme este aceite perfumado sobre el cuerpo, lo hizo en preparación de mí para ser enterrado.+13 En verdad les digo: Dondequiera que se prediquen* estas buenas nuevas en todo el mundo,* lo que esta mujer ha hecho también se contará para recuerdo de ella”.