La hija del rey está toda gloriosa; su ropa tiene engastes de oro (Sal. 45:13).

El resplandor de la Nueva Jerusalén se describe hermosamente en el libro de Revelación (Rev. 21:11, 18-21). ¡Con razón el salmista dice que la novia va “toda gloriosa”! Al fin y al cabo, la boda real está teniendo lugar en el cielo. La novia es llevada ante el Novio, el Rey Mesiánico. Él la ha estado preparando, “limpiándola con el baño de agua por medio de la palabra”, de modo que es “santa y [está] sin tacha” (Efes. 5:26, 27). Pero, además, debe estar vestida adecuadamente para la boda. ¡Y, desde luego, lo está! “Su ropa tiene engastes de oro” y “en ropaje tejido [es] llevada al rey” (Sal. 45:14). Para la boda del Cordero “se le ha concedido estar vestida de lino fino, brillante y limpio, porque el lino fino representa los actos justos de los santos” (Rev. 19:8). w14 15/2 2:8, 9