No abracen a nadie en saludo por el camino (Luc. 10:4).

Puesto que hay tanto que hacer y el día solo tiene veinticuatro horas, ¿cómo podemos aprovechar bien el tiempo? Fijémonos en la instrucción que Jesús les dio a sus discípulos cuando los envió a predicar, y que aparece en el texto de hoy. ¿Qué quiso decir? Cierto biblista explica: “Entre los orientales los saludos no consistían, como entre nosotros, en una leve inclinación de la cabeza o en extender la mano, sino en muchos abrazos y en inclinarse y hasta postrarse en el suelo. Todo esto consumía mucho tiempo”. Jesús no estaba animando a sus seguidores a ser maleducados; más bien, quería ayudarlos a ver que disponían de un tiempo limitado y tenían que aprovecharlo al máximo para las cosas verdaderamente importantes (Efes. 5:16). ¿Podemos poner en práctica este principio y así dedicarle más tiempo al Reino? w13 15/12 2:9