Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra (Mat. 6:10).

Una vez que el Rey Mesiánico haya destruido a los enemigos terrestres de Dios, arrojará a Satanás y sus demonios en un abismo por mil años (Rev. 20:1-3). Habiendo quitado de en medio esa influencia corruptora, el Reino enseguida aplicará los beneficios del sacrificio redentor de Jesús y erradicará los efectos del pecado de Adán. El Rey resucitará a incontables millones de personas que están durmiendo en la muerte y pondrá en marcha un extenso programa educativo para que conozcan a Jehová (Rev. 20:12, 13). La Tierra entera se convertirá en un paraíso, tal como lo fue el jardín de Edén. Y todos los seres humanos obedientes alcanzarán la perfección. Al final del Reinado Milenario de Cristo, el Reino mesiánico habrá conseguido sus objetivos. Entonces, Jesús le entregará el Reino a su Padre (1 Cor. 15:24-28). Todos los hijos de Dios, en la Tierra y en el cielo, estarán unidos a su Padre celestial como parte de su familia universal. w14 15/1 2:14-16

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