Sean razonables (Tito 3:2).

Quien es razonable no insiste siempre en aferrarse a la letra de la ley ni es excesivamente rígido, estricto o severo. Más bien, se esfuerza por ser amable con los demás y toma en consideración sus circunstancias. Está dispuesto a escucharlos y, cuando es apropiado, a ceder a sus deseos y modificar lo que espera de ellos. Por supuesto, no debemos confundir ser razonable con ser perezosos en el servicio a Dios por complacernos a nosotros mismos (Mat. 16:22). No queremos tomarnos las cosas con calma y entonces justificarnos diciendo que solo estamos siendo razonables. Más bien, todos tenemos que esforzarnos vigorosamente por apoyar los intereses del Reino (Luc. 13:24). En realidad, debemos equilibrar dos principios. Por un lado, no hay que retraerse de servir a Dios. Y por el otro, hay que recordar que Jehová nunca pide más de lo que uno puede darle. No lo dudemos: él se siente muy feliz cuando le damos lo mejor de nosotros. w13 15/6 2:12, 20

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