Jonás siguió proclamando y diciendo: “Solo cuarenta días más, y Nínive será derribada” (Jon. 3:4).

Jehová les dio a los habitantes de Nínive, la capital asiria, la oportunidad de escuchar su advertencia. Le dijo a Jonás: “Levántate, ve a Nínive la gran ciudad, y proclama contra ella que la maldad de ellos ha subido delante de mí”. Nínive sería destruida (Jon. 1:1, 2; 3:1-3). Ahora bien, cuando Jonás declaró ese mensaje, “los hombres de Nínive empezaron a poner fe en Dios, y procedieron a proclamar un ayuno y a ponerse saco, desde el mayor de ellos aun hasta el menor de ellos”. Su rey “se levantó de su trono y quitó de sí su prenda de vestir oficial y se cubrió de saco y se sentó en las cenizas”. Como los ninivitas hicieron caso de la advertencia y se arrepintieron, Jehová les perdonó la vida (Jon. 3:5-10). w13 15/6 4:9, 10