Todas las palabras que ha hablado Jehová estamos dispuestos a ponerlas por obra (Éx. 24:3).

Israel era una nación dedicada a Dios. En el año 1513 antes de nuestra era, los israelitas se habían comprometido de buena gana a hacer la voluntad de Jehová. Como resultado, él los había santificado, es decir, los había separado para que fueran su pueblo. ¡Qué gran privilegio! Cuarenta años después, Moisés le recordó a la nación: “Tú eres un pueblo santo a Jehová tu Dios” (Deut. 7:6). Por desgracia, el entusiasmo inicial de los israelitas no duró mucho. Aunque siempre hubo algunos que sirvieron fielmente a Dios, en general se preocupaban más por parecer santos y devotos que por hacer la voluntad divina. Al igual que los israelitas, el pueblo de Dios de tiempos modernos ha sido santificado. Jehová ha separado para un servicio sagrado tanto a los cristianos ungidos como a los que forman la “gran muchedumbre” (Rev. 7:9, 14, 15; 1 Cor. 6:11). Ninguno de nosotros quiere que le pase lo mismo que a los israelitas, a quienes al final Jehová dejó de considerar santos. w13 15/8 1:2-4

Anuncios