Háganse imitadores de Dios, como hijos amados (Efes. 5:1).

Jehová posee muchas cualidades atrayentes. De hecho, podríamos hacer una lista con más de cuarenta. Imagine qué caudal de hechos fascinantes sobre la personalidad divina aguarda a que lo descubramos en nuestro estudio personal y de familia. ¿De qué maneras nos beneficiará ese estudio? Incrementará el aprecio que sentimos por nuestro Padre celestial. Y cuanto más lo apreciemos, más desearemos acercarnos a él e imitarlo (Jos. 23:8; Sal. 73:28). El aprecio va creciendo gradualmente. Para ilustrarlo: un nuevo plato nos irá gustando, es decir, lo iremos apreciando más y más, si primero aspiramos su aroma, luego saboreamos cada bocado y finalmente lo preparamos nosotros mismos. De igual modo, nuestro aprecio por cierta cualidad de Dios irá aumentando si procuramos conocerla, reflexionamos en ella y entonces la ponemos en práctica en nuestra vida. w1315/6 1:1, 2

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