Al Rey de la eternidad sea honra y gloria para siempre (1 Tim. 1:17).

El rey Sobhuza II de Suazilandia reinó por casi sesenta y un años. Sin duda, es todo un logro para un hombre gobernar por tanto tiempo. Ahora bien, existe un rey que no está limitado por la corta vida del ser humano. Por eso es que la Biblia lo llama “Rey de la eternidad”. Y un salmista declaró el nombre de este Soberano al decir: “Jehová es Rey […] para siempre” (Sal. 10:16). La duración de su reinado diferencia a Jehová de cualquier rey humano. No obstante, lo que nos atrae es su manera de gobernar. En el antiguo Israel, un rey que estuvo cuarenta años en el trono alabó a Dios con estas palabras: “Jehová es misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa. Jehová mismo ha establecido firmemente su trono en los cielos mismos; y sobre toda cosa su propia gobernación real ha tenido la dominación” (Sal. 103:8, 19). Pero Jehová no es solo nuestro Rey, sino también nuestro querido Padre celestial. w14 15/1 1:1, 2

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