No que seamos nosotros amos sobre la fe de ustedes, […] porque es por su fe que están firmes (2 Cor. 1:24).

Con las palabras que leemos en el texto de hoy, el apóstol Pablo reconoció que los cristianos de Corinto eran fieles gracias a su fe en Dios, no gracias a él o a otras personas. Opinaba que no era necesario controlar la fe de sus hermanos, y tampoco lo deseaba, pues confiaba en que ellos querían hacer lo correcto (2 Cor. 2:3). Los superintendentes cristianos de nuestros días imitan al apóstol Pablo, pues demuestran su confianza en la fe y los motivos que tienen sus hermanos para servir a Dios (2 Tes. 3:4). En vez de establecer reglas rígidas en la congregación, siguen los principios bíblicos y la dirección que da la organización de Jehová. Al fin y al cabo, no son dueños de la fe de los demás (1 Ped. 5:2, 3). w13 15/1 5:3

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