[Abrahán] vino a ser llamado “amigo de Jehová” (Sant. 2:23).

Dios prometió que todas las familias de la Tierra —y no solo una nación— se bendecirían mediante Abrahán y sus descendientes (Gén. 22:15-18). A pesar de que faltaba mucho para que esa promesa divina se hiciera realidad, Abrahán siempre estuvo convencido de que se cumpliría. Pasó más de la mitad de su vida yendo de un sitio a otro con su familia, y durante todo ese tiempo conservó su amistad con Jehová. Aunque no sabía cuánto tendría que esperar, Abrahán jamás permitió que se debilitaran el amor y la devoción que sentía por Dios. Mantuvo su vista fija en la promesa, y por eso no buscó alguna nación en la cual establecer su residencia permanente (Heb. 11:14, 15). ¿Qué aprendemos de su ejemplo? La importancia de llevar una vida sencilla y no preocuparnos más de lo debido por las posesiones materiales, la posición social o el éxito profesional. Al igual que Abrahán, aguardamos algo muchísimo mejor. w12 15/12 4:7-9

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