¿Qué haré, Señor? (Hech. 22:10.)

Pablo, conocido entonces como Saulo, respondió con estas sinceras palabras a las instrucciones del Señor Jesús glorificado, quien se le había aparecido en una visión para que no siguiera persiguiendo a sus discípulos. Saulo se arrepintió de sus hechos pasados, se bautizó y aceptó la comisión especial de dar testimonio de Jesús a las naciones. Pablo difundió con celo el mensaje del Reino por toda Asia Menor y algunas regiones de Europa, donde fundó y volvió a visitar muchas congregaciones. Siguió llamando a Jesús “Señor” y obedeciéndolo como tal hasta el fin de su vida en la Tierra (Hech. 22:6-16; 2 Cor. 4:5; 2 Tim. 4:8). No fue como aquellos a quienes Cristo dijo: “¿Por qué me llaman ‘¡Señor! ¡Señor!’, pero no hacen las cosas que digo?” (Luc. 6:46). En efecto, Jesús espera que cuantos lo aceptan como su Señor cumplan con su palabra, como hizo el apóstol Pablo. w12 15/10 4:5, 6

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