Los muertos […] no tienen conciencia de nada en absoluto (Ecl. 9:5).

Los judíos tenían a su alcance la verdad sobre los muertos. Sin embargo, cuando Grecia quedó dividida entre los generales de Alejandro Magno, se intentó unir a Judá y Siria mediante la religión y la cultura griega. Como resultado, los judíos aceptaron las doctrinas falsas de que el alma humana es inmortal y que hay un lugar de tormento en el más allá. Aunque el justo Job no tenía las Escrituras, conocía la verdad sobre la muerte. Además, sabía que Jehová es un Dios amoroso y que querría resucitarlo (Job 14:13-15). Abrahán también creía en la resurrección (Heb. 11:17-19). Estos fieles siervos de Dios no pensaban que el alma humana fuera inmortal, pues es imposible resucitar a alguien que no puede morir. Seguro que el espíritu de Dios ayudó a Job y a Abrahán a comprender lo que les ocurre a los muertos y a tener fe en la resurrección. w13 15/2 2:12-14