Dense a conocer sus peticiones a Dios (Filip. 4:6).

Cuando las dificultades nos agobien, oremos y reflexionemos en “cualquier cosa que haya digna de alabanza” (Filip. 4:6-9). Con la fuerza que Jehová nos da, podremos soportar la presión y no permitiremos que las situaciones difíciles nos hagan tropezar. Lamentablemente, algunos han dejado la carrera cristiana por las imperfecciones de los demás. Diferencias sobre asuntos de conciencia, o decisión personal, han sido su causa de tropiezo (1 Cor. 8:12, 13). Si alguien nos ofende, ¿haremos una montaña de un grano de arena? La Biblia aconseja a los cristianos que no juzguen a los demás ni insistan en los derechos personales, sino que más bien estén dispuestos a perdonar (Luc. 6:37). Cuando la conducta de alguien nos incomode, preguntémonos: “¿Juzgo a los demás según mi criterio? Puesto que sé que mis hermanos son imperfectos, ¿permitiré que un error de alguno de ellos me saque de la carrera?”. Nuestro amor por Jehová nos dará la determinación para alcanzar la meta sin importar lo que hagan los demás. w13 15/3 1:18, 19