Reflejamos como espejos la gloria de Jehová (2 Cor. 3:18).

En mayor o menor medida, todos nos parecemos a nuestros padres. No es raro que alguien le diga a un niño: “¡Eres igualito a tu papá!”. O quizás a una niña: “Me recuerdas mucho a tu mamá”. Además, los hijos suelen imitar lo que ven hacer a sus padres. ¿Y nosotros? ¿Podemos imitar también a nuestro Padre celestial? Aunque no lo vemos, percibimos sus hermosas cualidades contemplando la creación, así como estudiando su Palabra y reflexionando en lo que leemos, especialmente en las enseñanzas y el ejemplo de su Hijo, Jesucristo (Juan 1:18; Rom. 1:20). Al manifestar las cualidades de nuestro Creador, los cristianos tenemos el gran honor de reflejar la gloria de Dios. Los ungidos y los demás cristianos reflejamos la gloria de Dios en nuestra vida y nuestro ministerio (2 Cor. 4:1). Por eso, cada uno de nosotros hace bien en preguntarse: “¿Estoy reflejando la gloria de Jehová con mi conducta cristiana y mi constancia en la predicación del Reino?”. w12 15/5 4:1-3