me has asido de la mano derecha. Con tu consejo me guiarás (Sal. 73:23, 24).

Los cristianos tenemos buenas razones para imitar el ejemplo de Ana. Ella era fiel y siempre iba a la casa de Jehová (1 Sam. 1:4-8). Nosotros necesitamos asistir fielmente a las reuniones, pues sabemos que en ellas recibimos el ánimo que tanta falta nos hace (Heb. 10:24, 25). El cariño y la compañía de los hermanos nos reconfortan. Posiblemente lo que toque nuestro corazón sea una sencilla frase en un discurso o en un comentario. O quizás un compañero nos escuche o nos diga palabras de aliento cuando conversemos con él antes o después del programa (Prov. 15:23; 17:17). También nos reconforta unir nuestras voces para cantar a Jehová. En realidad, en los momentos en que nos asedian los “pensamientos inquietantes” es cuando más necesitamos el ánimo que nos proporcionan las reuniones. En ellas, Jehová nos sostiene con sus “propias consolaciones” y fortalece nuestra resolución de mantenernos fieles (Sal. 94:18, 19). ¡Qué agradecidos estamos de que Jehová nos resguarde para la salvación! w12 15/4 5:16-18

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