Me regocijé cuando estuvieron diciéndome: “Vamos a la casa de Jehová” (Sal.122:1).

Es cierto que muchos aspectos de las asambleas han cambiado con el paso del tiempo, pero lo esencial permanece. En tiempos bíblicos había que hacer sacrificios para asistir a ellas, y lo mismo ocurre hoy; pero vale la pena. Desde el punto de vista espiritual, eran —y siguen siendo— acontecimientos muy importantes. Nos dan el conocimiento y el entendimiento que tanto necesitamos para mantener una buena relación con Dios. Nos ayudan a aplicar lo que aprendemos, evitarnos problemas y concentrarnos en alcanzar metas que nos reconforten en vez de agobiarnos (Sal. 122:2-4). Con los años también ha cambiado la forma de organizar las asambleas. Antes algunas duraban ocho días. Había sesiones por la mañana, por la tarde y por la noche. El servicio del campo era parte del programa. Los voluntarios trabajaban arduamente para preparar desayunos, almuerzos y cenas para los asistentes. w12 15/9 5:1517

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