Él no es Dios de muertos, sino de vivos (Luc. 20:38).

A medida que el mundo de Satanás se acerque a su fin, sus “dolores de angustia” irán empeorando (Mat. 24:7, 8). Y, desde luego, las cosas se pondrán aún más difíciles durante la gran tribulación. Los servicios públicos y demás sistemas organizados de este mundo se vendrán abajo, y la gente temerá por su propia vida (Hab. 3:16, 17). Completamente desesperados, buscarán refugio, por así decirlo, “en las cuevas y en las masas rocosas de las montañas” (Rev. 6:15-17). Pero ni las cuevas literales ni las organizaciones políticas y comerciales que ahora parecen firmes como montañas les brindarán protección alguna. Los siervos de Jehová, en cambio, seguirán disfrutando de la seguridad de su “verdadera morada”, Jehová Dios (Sal. 90:1). Incluso quienes mueran fieles antes de que comience la gran tribulación estarán seguros con Jehová, “porque para él todos ellos viven”. Es como si sus siervos leales que han muerto todavía vivieran, pues es un hecho que los va a resucitar (Ecl. 7:1). w13 15/3 4:15-17