¡Vuelve, por favor, en tontedad el consejo de Ahitofel, oh Jehová!(2 Sam. 15:31.)

Veamos el caso de Absalón. Cegado por la ambición, estaba decidido a usurpar el trono de su padre, el rey David. Comenzó “robándose el corazón de los hombres de Israel”, es decir, ganándose su favor con astutas promesas y fingidas expresiones de afecto. Los abrazaba y besaba como si de verdad se preocupara por ellos y sus necesidades (2 Sam. 15:2-6). Consiguió poner de su parte hasta al consejero de confianza de David, Ahitofel, quien se volvió traidor y se unió a la rebelión. En los Salmos 3 y 55, David expresa cómo se sintió por tan terrible deslealtad (Sal. 3:1-8; 55:12-14). La conspiración contra el rey nombrado por Jehová puso de manifiesto que Absalón no sentía ningún respeto por la soberanía divina, y que era un ser ambicioso y descarado (1 Crón. 28:5). Al final, el golpe fracasó y David siguió reinando como el ungido de Jehová. w1215/4 2:5

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