La canicie es corona de hermosura cuando se halla en el camino de la justicia (Prov. 16:31).

No está mal que nos preocupemos por nuestra apariencia. Sin embargo, no hay que tratar de eliminar a toda costa los signos de envejecimiento, que en realidad pueden reflejar madurez, dignidad y belleza interior. Pensemos en lo que dice el texto de hoy. Para Jehová es mucho más importante lo que somos por dentro, y para nosotros también debería ser así (1 Ped. 3:3, 4). ¿Es prudente, entonces, someterse a operaciones o tratamientos arriesgados tan solo para lucir más atractivos? Sin importar la edad o el estado físico, “el gozo de Jehová” nos hace realmente bellos (Neh. 8:10). Solo en el nuevo mundo tendremos plena salud y recuperaremos la belleza juvenil (Job 33:25; Is. 33:24). Hasta entonces, la sabiduría y la fe nos ayudarán a mantenernos cerca de Jehová mientras hacemos todo lo que nos permitan nuestras circunstancias (1 Tim. 4:8). w13 15/1 3:10

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