El superintendente tiene que estar libre de acusación como mayordomo de Dios(Tito 1:7).

Los superintendentes cristianos han sido nombrados para pastorear “el rebaño de Dios”, por lo que dirigen las congregaciones y dan un buen ejemplo en todo (1 Ped. 5:1, 2). Por supuesto, sus funciones varían. Pero de todos se espera que cumplan sus deberes fielmente, pues todos deben rendir cuentas a Dios (Heb. 13:17). ¿Y qué hay de los numerosos cristianos leales que no son superintendentes? Dirigiéndose a los cristianos en general, el apóstol Pedro escribió: “En proporción al don que cada uno haya recibido, úsenlo al ministrarse unos a otros como excelentes mayordomos de la bondad inmerecida de Dios expresada de diversas maneras” (1 Ped. 1:1; 4:10). En su bondad inmerecida, Dios nos ha otorgado a todos dones y capacidades que podemos emplear en favor de nuestros hermanos en la fe. Por consiguiente, todos los que servimos a Dios somos mayordomos, y esa función conlleva dignidad, confianza y responsabilidad. w12 15/12 2:6, 7

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