Estos hombres […] están […] desatendiendo el señorío y hablando injuriosamente de los gloriosos (Jud. 8).

No hace falta decir que esa actitud está fuera de lugar en la congregación cristiana. Los ancianos de la actualidad no son perfectos, como tampoco lo eran los contemporáneos de los apóstoles. Pueden cometer errores que nos afecten personalmente. Si eso ocurriera, jamás debemos adoptar el espíritu del mundo, exigiendo que se haga “justicia” o que el hermano reciba “su merecido”. Si Jehová decide pasar por alto ciertos errores de relativamente poca importancia, ¿no podemos hacer lo mismo nosotros? Algunos cristianos que han cometido un pecado grave se han negado a comparecer ante el comité designado para ayudarles. ¿Por qué razón? Porque se han concentrado en los supuestos defectos de los ancianos del comité. Pero eso es como negarse a aceptar un tratamiento médico solo porque no nos agrada algo del doctor. w12 15/10 2:6, 7