Escucha, oh Israel: Jehová nuestro Dios es un solo Jehová (Deut. 6:4).

Si el propio Jesús citó estas palabras, ¿cómo podría contradecirlas un cristiano verdadero? (Mar. 12:29.) Jesús mandó a sus seguidores: “Hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo” (Mat. 28:19). La doctrina de la Trinidad no encaja con este mandato. Para que alguien sea bautizado como cristiano verdadero y testigo de Jehová debe reconocer la superioridad del Padre, Jehová, y la posición y autoridad de su Hijo, Jesús. También debe creer que el espíritu santo es la fuerza activa de Dios, y no una parte de la Trinidad (Gén. 1:2). Por tanto, es imposible que Dios acepte la dedicación y el bautismo de alguien que cree en esa doctrina. ¡Qué agradecidos estamos de que nuestra herencia espiritual nos haya protegido de una enseñanza que deshonra a Dios! w1315/2 2:6, 7

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