Todos los de la casa de Israel son incircuncisos de corazón (Jer. 9:26).

Hallamos una clave para entender lo que significa “incircuncisos de corazón” en lo que Dios animó a su pueblo a hacer: “Quiten los prepucios de sus corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén; para que no salga mi furia […] a causa de la maldadde sus tratos”. ¿Dónde se originaba esa maldad? En su interior, en su corazón (Mar. 7:20-23). Sus corazones insistían en rebelarse, y sus motivos y pensamientos desagradaban a Jehová (Jer. 5:23, 24; 7:24-26). Por eso él les dijo: “Circuncídense a Jehová, y quiten los prepucios de sus corazones” (Jer. 4:4; 18:11, 12). En efecto, aquellos judíos necesitaban someterse a una operación de corazón simbólica, tal como hicieron sus antepasados en tiempos de Moisés (Deut. 10:16; 30:6). Quitarse “los prepucios de sus corazones” significaba librarse de todo lo que los hacía insensibles: los pensamientos, deseos o motivos que estuvieran en conflicto con las normas divinas (Hech. 7:51). w13 15/3 2:7-9