El Señor se volvió y miró a Pedro, y Pedro recordó lo que el Señor había expresado cuando le dijo: “Antes que el gallo cante hoy, me repudiarás tres veces” (Luc. 22:61).

Pedro temía lo que otros pudieran hacerle, y aunque se mantuvo leal a Jesús y a Jehová, en algunas ocasiones cometió graves errores. Por ejemplo, negó en público conocer a su Maestro, no solo una vez, sino tres (Luc. 22:54-60). Más tarde no se comportó de un modo cristiano, pues trató a los hermanos no judíos como si no fueran tan buenos como los hermanos judíos. En cambio, el apóstol Pablo sabía que no debían existir divisiones, o clases, en la congregación. Pedro estaba equivocado. Así que, antes de que su actitud perjudicara a la hermandad, Pablo lo aconsejó francamente y cara a cara (Gál. 2:11-14). ¿Fue ese un golpe tan duro al orgullo de Pedro que lo hizo abandonar la carrera por la vida? No; él meditó en el consejo de Pablo, lo puso en práctica y siguió en la carrera. w13 15/3 1:12