Dios por primera vez dirigió su atención a las naciones para sacar de entre ellas un pueblo para su nombre (Hech. 15:14).

Como personas que eran llamadas por el nombre de Jehová, los miembros de la nueva nación del Israel espiritual emplearon el nombre divino, y obviamente lo hicieron al citar de las Escrituras Hebreas (Hech. 15:17). Por eso, cuando el apóstol Pedro se dirigió a un auditorio internacional de judíos y prosélitos en el Pentecostés del año 33, empleó ese nombre varias veces (Hech. 2:14, 20, 21, 25, 34). Los primeros cristianos honraron a Jehová, y él, por su parte, bendijo su labor predicadora. En la actualidad también bendice nuestro ministerio cuando proclamamos su nombre con orgullo y se lo mostramos a quienes nos escuchan, de ser posible en su propia Biblia. De esa manera les presentamos al Dios verdadero. ¡Qué privilegio… tanto para ellos como para nosotros! Esa presentación puede, en algunos casos, marcar el comienzo de una maravillosa relación con Jehová que seguirá creciendo por la eternidad. w13 15/3 5:12, 13

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