¡Tú eres sacerdote hasta tiempo indefinido a la manera de Melquisedec! (Sal.110:4.)

Durante el reinado de David, Jehová hizo dos juramentos a fin de bendecir a todos sus siervos obedientes. En primer lugar, le juró a David que su trono duraría para siempre (Sal. 89:35, 36; 132:11, 12). En segundo lugar, inspiró a David para que predijera que, en el futuro, un singular Rey también llegaría a ser el Sumo Sacerdote de la humanidad. En Israel, los reyes y los sacerdotes eran figuras totalmente separadas. Los sacerdotes provenían de la tribu de Leví, y los reyes provenían de la de Judá. Pero en cuanto a su ilustre heredero, David profetizó que sería rey y también sacerdote. En cumplimiento de esta profecía, Jesucristo, la Descendencia prometida, ya reina en los cielos. Además, es el Sumo Sacerdote de la humanidad, y en ese papel ayuda a las personas arrepentidas a que disfruten de una buena relación con Dios (Heb. 7:21, 25, 26). w12 15/10 3:13, 14