Doblo mis rodillas ante el Padre, a quien toda familia en el cielo y en la tierra debe su nombre (Efes. 3:14, 15).

Familia. ¿Qué le evoca esa palabra? ¿Cariño? ¿Felicidad? ¿Trabajar juntos hacia una meta común? ¿Un refugio en el que crecer, aprender y compartir ideas? Probablemente así sea si usted es parte de un hogar afectuoso. Jehová mismo es quien dio origen a la familia. Él se propuso que todas sus criaturas, sea que vivieran en el cielo o en la Tierra, disfrutaran de seguridad, confianza mutua y verdadera unidad. Cuando pecaron, los seres humanos dejaron de formar parte de la familia universal de Dios, pero eso no frustró el propósito de Jehová. Él se asegurará de que los descendientes de Adán y Eva llenen la Tierra transformada en un paraíso (Gén. 1:28; Is. 45:18). De hecho, ha dispuesto todo lo necesario para ello, y varios de tales preparativos se destacan en la carta a los Efesios. Entender esto nos ayudará a colaborar con el propósito de Jehová de unir a su creación. w12 15/7 4:1, 2