En tres ocasiones del año se presentará todo varón tuyo delante del rostro del Señor verdadero, Jehová (Éx. 23:17).

Jehová ordenó a los israelitas que acudieran a Jerusalén año tras año para celebrar tres fiestas: la de las Tortas no Fermentadas, la de las Semanas (después llamada Pentecostés) y la de las Cabañas. Muchos cabezas de familia comprendían los beneficios espirituales de estas ocasiones, así que asistían a ellas con toda su familia (1 Sam. 1:1-7; Luc. 2:41, 42). Piense en lo que suponía para una familia israelita hacer ese viaje. José y María, por ejemplo, tenían que recorrer unos 100 kilómetros (60 millas) de Nazaret a Jerusalén. Debía de ser una experiencia singular viajar en grupo, cocinar para tantos y encontrar alojamiento adecuado en lugares poco conocidos. Pero las condiciones eran lo bastante seguras para que a un jovencito de 12 años se le concediera cierto margen de libertad (Luc. 2:44-46). w12 15/9 5:11, 12

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