[Jesús] iba viajando de ciudad en ciudad […], predicando y declarando las buenas nuevas del reino de Dios (Luc. 8:1).

Tenemos el honor de participar en la obra más importante que Dios ha confiado a los seres humanos: predicar el mensaje del Reino y hacer discípulos (Mat. 24:14; 28:19, 20). Estamos muy agradecidos de contar con el incomparable ejemplo de Jesús. Como él, necesitamos tener fe y ser valientes para hablar del Reino. Con el apoyo de Jehová podemos imitar a Noé, quien fue un valeroso “predicador de justicia” en un mundo malvado y condenado a perecer en el diluvio universal (2 Ped. 2:4, 5). La oración nos ayuda a cumplir con nuestra misión de predicar. Cuando unos seguidores de Jesús que estaban siendo perseguidos le pidieron a Dios valor para hablar de su Palabra, él se lo concedió (Hech. 4:29-31). Si a usted le cuesta predicar de casa en casa por culpa de la timidez, pídale a Jehová más fe y valor, y él se lo dará (Sal. 66:19, 20). w13 15/1 1:18, 19