No dejen que el pecado continúe reinando en su cuerpo mortal de modo que obedezcan los deseos de este. Tampoco sigan presentando sus miembros al pecado como armas de la injusticia (Rom. 6:12, 13).

Para llegar a ser cristianos, tuvimos que arrepentirnos y volvernos de nuestros pecados, dejándolos atrás. Sin embargo, el arrepentimiento es un proceso continuo. Puesto que somos imperfectos, el pecado sigue acechándonos como una serpiente enroscada y lista para atacar (Rom. 3:9, 10). Tengamos los ojos bien abiertos y no pasemos por alto nuestras faltas. Felizmente, Jehová es paciente con nosotros mientras luchamos por vencer nuestras debilidades y hacemos los cambios necesarios (Filip. 2:12; 2 Ped. 3:9). Es de gran ayuda controlar el uso de nuestro tiempo y recursos, y abandonar cualquier meta egoísta que tengamos. Además, meditemos en nuestradedicación. Nuestra posesión más valiosa es la amistad que tenemos con Jehová. Él conoce a los que le pertenecen (Is. 44:5). Examinemos con oración la calidad y la profundidad de nuestra relación con él. w13 15/3 3:1416