Todos tropezamos muchas veces (Sant. 3:2).

A la hora de describir el estado espiritual de un cristiano, tal vez hayamos utilizado indistintamente las palabras tropezar o caer. Aunque no siempre es así, estas expresiones bíblicas pueden significar lo mismo. Fijémonos, por ejemplo, en lo que dice Proverbios 24:16: “Puede que el justo caiga hasta siete veces, y ciertamente se levantará; pero a los inicuos la calamidad los hará tropezar”. Jehová no permitirá que quienes confían en él tropiecen en el sentido de que sufran una caída —por una dificultad o un paso en falso— de la que no puedan recuperarse. Estamos convencidos de que si algo así nos ocurre, él nos “levantará” para que sigamos sirviéndole con toda el alma. Sin duda, esto es un gran consuelo para quienes de veras aman a Jehová. Para los que aman la ley de Dios no hay tropiezo, o sea, no hay nada que pueda sacarlos permanentemente de la carrera por la vida (Sal. 119:165). w13 15/3 1:4-6

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