Oh Dios, me has enseñado desde mi juventud en adelante,
y hasta ahora sigo informando acerca de tus maravillosas
obras (Sal. 71:17).

Estamos agradecidos por disfrutar de la luz espiritual que Dios nos da, en vez de andar perdidos en un oscuro laberinto de enseñanzas falsas (Prov. 4:18, 19). Por tanto, estudiemos con esmero la Palabra de Dios y prediquemos con empeño la verdad. Somos el pueblo dedicado de Jehová y entendemos que se han cuestionado dos asuntos relacionados entre sí: la soberanía divina y la lealtad del ser humano a Dios. Por eso predicamos la verdad innegable de que Jehová es el Soberano del universo y que merece toda nuestra adoración (Rev. 4:11). Gracias a su espíritu, anunciamos las buenas nuevas a la gente mansa, vendamos a los quebrantados de corazón y consolamos a los que están de duelo (Is. 61:1, 2). A pesar de los inútiles intentos de Satanás por controlar al pueblo de Dios y a la humanidad, nosotros valoramos nuestra herencia espiritual, deseamos ser leales a Jehová y proclamamos que él es el Señor Soberano, ahora y siempre (Sal. 26:11; 86:12). w13 15/2 2:19, 20