Tendrán que saber que mi nombre es Jehová (Jer. 16:21).

En la asamblea que se celebró en 1931 en Columbus (Ohio), los Estudiantes de la Biblia adoptaron entusiasmados el nombre testigos de Jehová. En 1935, en la ciudad de Washington, el hermano Rutherford explicó quiénes componen la “gran muchedumbre”, que en Revelación aparece “de pie delante del trono y delante del Cordero” (Rev. 7:9-17). En 1942, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba en pleno apogeo, Nathan H. Knorr pronunció el impactante discurso “Paz… ¿será duradera?”, en el que identificó a la “bestia salvaje de color escarlata” del capítulo 17 de Revelación y señaló que después de la guerra aún habría que predicar mucho. En 1950, en una asamblea internacional que tuvo como escenario la ciudad de Nueva York, los presentes recibieron encantados la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas, la primera en una lengua moderna que restituía el nombre divino al lugar que con todo derecho le corresponde en la Palabra de Dios. w12 15/9 5:7, 8

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