No te des prisa en tu espíritu a sentirte ofendido, porque el
ofenderse es lo que descansa en el seno de los estúpidos (Ecl. 7:9).

En la vida hay muchas situaciones que provocan reacciones negativas. Por ejemplo, suponga que va conduciendo y otro vehículo casi choca con el suyo. ¿Qué hará usted? Sin duda habrá sabido de casos en que alguien se puso tan furioso que atacó al otro conductor. Por supuesto, a un cristiano no se le ocurriría hacer algo así. En vez de enojarse, sería muchísimo mejor que se tomara unos instantes para analizar las cosas. Puede que usted tenga parte de la culpa porque se distrajo de alguna forma. O quizás el otro conductor haya tenido algún problema mecánico con su vehículo. ¿Qué nos enseña este ejemplo? Que la comprensión, la amplitud de miras y la misericordia pueden disipar la cólera, la frustración y otros sentimientos negativos. No se lo tome todo como algo personal. w12 15/11 5:9, 10

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