Arrepiéntanse, por lo tanto, y vuélvanse (Hech. 3:19).

Quizás usted hizo algo de lo que después se haya arrepentido. Puede ser que malgastara su tiempo y energías en metas equivocadas, o tal vez hirió los sentimientos de alguien. Muchos no dejan de preocuparse por estas cosas. Se castigan dándole vueltas al asunto y, como resultado, se angustian y se hacen daño. ¿Soluciona eso algún problema? No. Es como si usted pensara que por moverse durante horas en una mecedora va a llegar lejos. Lo único que conseguirá es cansarse. Así que en vez de pensar y pensar en lo mismo, actúe para lograr algo. Por ejemplo, podría pedir disculpas y tal vez recuperar una amistad. También podría evitar lo que lo llevó a cometer el error del que se lamenta para no volver a caer en él. O tal vez no le quede más remedio que soportar la situación. La realidad es que angustiarnos no sirve de nada. Al contrario, nos paraliza y nos impide darle a Jehová lo mejor. w13 15/1 4:9-11