Enterraron [a Jehoiadá] en la Ciudad de David junto con los reyes,
porque había hecho el bien en Israel y con el Dios verdadero y
Su casa (2 Crón. 24:16).

Nuestra fe y valor se fortalecen cuando vemos que Jehová apoya a quienes anteponen la voluntad divina y el bienestar de los demás a la conveniencia personal. Examinemos, por ejemplo, lo que hicieron el sumo sacerdote Jehoiadá y su esposa, Jehoseba. Tras la muerte del rey Ocozías, su madre, Atalía, asesinó a casi todos los herederos al trono y se proclamó reina. Pero Jehoiadá y Jehoseba arriesgaron su vida al rescatar y esconder durante seis años a Jehoás, el único hijo de Ocozías que había sobrevivido a la matanza. Al séptimo año, este valiente matrimonio consiguió que Jehoás fuera hecho rey y que ejecutaran a Atalía (2 Rey. 11:1-16). Después Jehoiadá colaboró en las reparaciones del templo que organizó el nuevo rey. Y cuando Jehoiadá murió a los 130 años de edad, lo enterraron con los reyes. Además, gracias al valor de Jehoiadá y su esposa se conservó la línea real de David, mediante la que llegó el Mesías. w13 15/1 1:11

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