¡Bendito sea Jehová el Dios de Israel, que te ha enviado este día a mi
encuentro! Y bendita sea tu sensatez, y bendita seas  que me
has restringido este día de entrar en culpa de sangre (1 Sam. 25:32, 33).

¿Qué nos enseña el relato de David y Nabal? (1 Sam. 25:9-13, 21, 22.) Jehová se valió de Abigail para evitar que David diera un mal paso. Y hoy sigue utilizando a seres humanos para ayudarnos. Como es evidente, no deberíamos esperar que cada vez que vayamos a cometer un error nos envíe a alguien para evitarlo. Tampoco deberíamos pensar que sabemos exactamente lo que va a hacer él en cada situación o lo que va a permitir o no para que se cumpla su propósito (Ecl. 11:5). Sin embargo, podemos estar seguros de que Jehová conoce en todo momento nuestras circunstancias y nos ayuda a serle fieles. De hecho, nos promete: “Te haré tener perspicacia, y te instruiré en el camino en que debes ir. Ciertamente daré consejo con mi ojo [fijo] sobre ti” (Sal. 32:8). w12 15/4 5:9, 10