Corran de tal modo que […] alcancen [el premio] (1 Cor. 9:24).

Los cristianos participamos en una carrera simbólica y nuestro objetivo es cruzar la línea de llegada cueste lo que cueste. En esta prueba, lo más importante no es la velocidad. Pero eso no significa que corramos tranquilamente y que a veces podamos descansar. Más bien, la carrera podría compararse a un maratón, en el que hay que resistir para triunfar. La Biblia nos pide que participemos en esta carrera (1 Cor. 9:25-27). El premio es vivir para siempre: los cristianos ungidos, en el cielo, y el resto de los corredores, en la Tierra. Ahora bien, esta competición no es como las demás, pues todos los participantes que persisten hasta llegar a la meta obtienen el premio (Mat. 24:13). Solo pierden quienes no corren según las normas o no cruzan la línea de llegada. Y un detalle más: esta es la única carrera donde se puede conseguir vida eterna. Claro, llegar a la meta no es fácil, pues hace falta decisión y autodisciplina. w13 15/3 1:2-4

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