La ira del hombre no obra la justicia de Dios (Sant. 1:20).

Darse tiempo para calmarse y ver las cosas de manera más objetiva puede impedir que en un momento de enojo usted responda de un modo que luego tenga que lamentar (Sal. 4:4; Prov. 14:29; Sant. 1:19). Pero ¿y si el resentimiento no desaparece? Trate de ver por qué se siente enojado. ¿Será porque lo han tratado mal, tal vez de un modo descortés? ¿O porque cree que la otra persona lo hirió deliberadamente? ¿De verdad es tan grave la ofensa? Al analizar y comprender el motivo de su enfado, verá qué principios bíblicos lo ayudarán a reaccionar de la mejor manera (Prov. 15:28; 17:27). Puede que no le resulte fácil realizar este análisis, pero así dejará que la Palabra de Dios penetre en los “pensamientos e intenciones del corazón” y lo impulse a imitar el ejemplo de Jehová en cuanto a perdonar (Heb. 4:12). w12 15/11 5:7, 8

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