Hasta el punto de exceso seguí persiguiendo a la congregación de Dios y devastándola (Gál. 1:13).

Pablo no se sentía orgulloso de tener que escribir sobre lo que había hecho en el pasado, pero tampoco intentó actuar como si nada hubiera ocurrido (1 Cor. 15:9; Filip. 3:6; 1 Tim. 1:13). Tenía presente que había cometido errores graves (Hech. 26:9-11). El caso de Pablo encierra una animadora lección, sobre todo para quienes piensan que Dios no perdonará sus pecados. ¿Cuál es esa lección? Que si demostramos fe en el sacrificio de Jesús, confesamos nuestros errores y corregimos nuestra conducta, Jehová borrará nuestros pecados, incluso si son graves (1 Tim. 1:15, 16). Aunque Pablo había sido un fanático perseguidor de Cristo, escribió: “El Hijo de Dios […] me amó y se entregó por mí” (Gál. 2:20; Hech. 9:5). Como vemos, él aprendió a servir a Jehová sin el peso de la culpa. ¿Y usted? w13 15/1 4:6, 8