Se suscitó entre ellos una disputa acalorada sobre quién de ellos parecía ser el mayor (Luc. 22:24).

Los discípulos de Jesús no dejaban de discutir sobre quién era el más importante (Mar. 9:33-35; 10:43; Luc. 9:46). Por su larga experiencia con el Padre, Jesús sabía muy bien lo que piensa él de tales inclinaciones orgullosas (2 Sam. 22:28; Sal. 138:6). Además, él mismo había visto cómo las manifestó Satanás, ese ser egoísta con sed de prominencia y poder. Por eso, Cristo tuvo que sentirse muy dolido al ver una actitud similar entre sus discípulos, a los que tanto les había enseñado, e incluso entre aquellos a quienes había elegido como apóstoles. De hecho, ellos manifestaron esa actitud ambiciosa hasta el mismísimo último día de la vida humana de Jesús. Sin embargo, no se cansó de exhortarlos con bondad, sin perder la esperanza de que, con el tiempo, aprenderían a imitar su humildad (Luc. 22:25-27; Filip. 2:5-8). w12 15/4 1:12