Por fe Rahab la ramera no pereció (Heb. 11:31).

Por su fe y valor, Rahab y su familia no murieron cuando los israelitas conquistaron la ciudad de Jericó (Sant. 2:25). Claro está, ella tuvo que dejar su antigua vida para agradar a Dios. Hoy, algunos de nuestros hermanos han tenido la fe, el valor y la fortaleza moral que se requieren para hacer cambios parecidos. Después de la muerte de Josué, una mujer moabita llamada Rut se armó de valor y se puso de parte de la religión verdadera. Cuando su suegra, Noemí —que también era viuda— le rogó que volviera a Moab, Rut le respondió: “No me instes con ruegos a que te abandone, a que me vuelva de acompañarte […]. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16). Rut estaba decidida a cumplir su palabra. Con el tiempo, un pariente de Noemí, Boaz, se casó con Rut y tuvieron un hijo. Como resultado, ella llegó a ser antepasada de David y Jesús. Su caso demuestra que Jehová bendice a quienes actúan con fe y valor (Rut 2:12; 4:17-22; Mat. 1:1-6). w13 15/1 1:9, 10