Una palabra a su tiempo apropiado, ¡oh, cuán buena es! (Prov. 15:23.)

Los ancianos de la actualidad valoran la importancia de expresar con palabras el aprecio que sienten por sus hermanos (Prov. 3:27). Cuando lo hacen, es como si les dijeran: “Me fijé en lo que hiciste porque me intereso por ti”. No cabe duda, nuestros hermanos necesitan que los ancianos les digan palabras de ánimo. Este comentario de una cristiana de unos 55 años expresa lo que muchos opinan: “En el trabajo es raro que alguien te dé una palmadita en el hombro. El ambiente es frío y competitivo. Por eso me siento tan contenta cuando un anciano me dice que valora lo que hago en la congregación. ¡Me da muchas fuerzas! Para mí, es una muestra del amor de mi Padre celestial”. Hace poco, un hermano que recibió de un anciano unas bonitas palabras de ánimo dijo: “Sus palabras fueron una inyección de ánimo para mí”. Así es, los elogios sinceros de un anciano levantan el ánimo y aumentan el gozo de los hermanos. Y como resultado, estos tienen más fuerzas para seguir andando por el camino de la vida sin cansarse (Is. 40:31). w13 15/1 5:9