Sigan absteniéndose de los deseos carnales (1 Ped. 2:11).

Hay deseos que no son incorrectos, siempre y cuando se satisfagan de acuerdo con las normas divinas. Por ejemplo, es normal que uno desee disfrutar de deliciosos alimentos y bebidas, realizar actividades amenas y pasar buenos ratos con los amigos. Y si uno está casado, no hay nada de malo en que satisfaga con su cónyuge los deseos sexuales (1 Cor. 7:3-5). No obstante, al hablar de “los deseos carnales”, Pedro se refería específicamente a aquellos que “llevan a cabo un conflicto en contra del alma”. Por eso, algunas versiones bíblicas utilizan la expresión “malos deseos” y “deseos pecaminosos” (Nueva Biblia al Día; Reina-Valera Contemporánea). No hay duda de que es muy importante que el cristiano domine cualquier deseo que vaya en contra de la voluntad de Dios y que pueda poner en peligro su relación con él. Si no, podría perder toda esperanza de conservar viva el alma. w12 15/12 3:8, 9