Dios siguió haciéndolo crecer (1 Cor. 3:6).

Aunque es Dios quien hace crecer las semillas que plantamos y regamos, nos concede el privilegio de trabajar con él (1 Cor. 3:9). ¡Qué extraordinario ejemplo! Sin duda, la humildad divina nos motiva a comportarnos como “uno de los menores”. Esta cualidad de Jehová le causó una honda impresión a David. Por eso le cantó: “Tu humildad es lo que me hace grande” (2 Sam. 22:36). El salmista consideraba que cualquier grandeza que él tuviera en Israel se debía a que Dios era humilde, pues condescendía —o se dignaba— a prestarle atención (Sal. 113:5-7). Y nuestro caso no es diferente. A fin de cuentas, ¿qué cualidad, capacidad o privilegio tenemos que no hayamos recibido de Jehová? (1 Cor. 4:7.) Entonces, ¿por qué es “grande” quien se comporta como “uno de los menores”? En parte, porque llega a ser un siervo de Jehová más valioso (Luc. 9:48). w12 15/11 3:6, 7