La lengua es un fuego (Sant. 3:6).

En cierto sentido, el Diablo trata de “prenderle fuego” a la congregación cristiana para hacer que abandonemos la seguridad de nuestro refugio espiritual y vayamos directamente a sus garras. ¿De qué forma podríamos entrar en su juego sin darnos cuenta? El discípulo Santiago afirmó que “la lengua es un fuego” (Sant. 3:6-8). Si no controlamos lo que decimos, podríamos provocar un “incendio” en la congregación. ¿Cómo? Imaginemos la siguiente situación. En una reunión se anuncia que cierta hermana ha sido nombrada precursora regular. Al terminar, dos publicadoras conversan sobre el tema. La primera se alegra por la noticia y expresa sus mejores deseos para la nueva precursora. La segunda cuestiona los motivos de la hermana y hasta insinúa que solo busca ser el centro de atención. ¿Quién tiene más posibilidades de originar un “fuego” en la congregación con su lengua? La respuesta es obvia. w12 15/8 3:3, 4